El uso profesional de las redes sociales suele presentarse como algo intuitivo, casi automático. Publicar, interactuar y mantener actividad parece suficiente para “estar”. Sin embargo, cuando el objetivo deja de ser personal y pasa a ser profesional, esa aparente sencillez empieza a mostrar grietas que no siempre son evidentes a primera vista.
En un entorno digital saturado de mensajes, marcas y opiniones, las redes sociales ya no funcionan como simples canales de visibilidad. Cada acción, cada ausencia y cada decisión comunica algo, incluso cuando no se ha definido conscientemente qué se quiere transmitir. Entender este contexto es el primer paso para identificar por qué ciertos usos, aparentemente habituales, acaban convirtiéndose en errores recurrentes.

