Elegir una red social se ha convertido, para muchos profesionales y negocios, en una decisión casi automática: se abre un perfil, se publica contenido y se espera que los resultados lleguen por inercia. Sin embargo, no todas las plataformas sirven para lo mismo, ni todas funcionan igual para cualquier objetivo. Estar presente sin un criterio claro puede generar más desgaste que beneficios, especialmente cuando el tiempo y los recursos son limitados.
Cada red social responde a una lógica propia, a un tipo de audiencia concreta y a una forma distinta de consumir contenido. Entender estas diferencias no es una cuestión técnica, sino estratégica. Solo cuando se analiza el objetivo real que se persigue es posible determinar qué plataforma tiene sentido utilizar y cuál no, evitando esfuerzos innecesarios y decisiones basadas únicamente en modas o percepciones externas.

