Sí, siempre lo dicen: No trabajes con la familia, pero veamos porque lo dicen. En la teoría, trabajar con la familia suena como un sueño hecho realidad. Rodearte de personas en las que confías, con quienes compartes valores y que, supuestamente, siempre querrán lo mejor para ti y el negocio. ¿Qué podría salir mal? Pues… básicamente, todo. Desde discusiones interminables sobre quién manda hasta enfrentamientos épicos por dinero o favoritismos, las empresas familiares pueden convertirse en auténticos campos de batalla disfrazados de «ambientes de confianza».
Si alguna vez has pensado en emprender con tu hermano, tu primo o incluso tus padres, tal vez deberías reconsiderarlo. Sí, hay casos en los que las cosas funcionan bien (y a esos afortunados les aplaudimos), pero en la mayoría de los casos, el trabajo en familia solo genera estrés, conflictos y situaciones que hacen que las cenas navideñas sean un espectáculo digno de reality show. Vamos a analizar por qué trabajar con la familia puede ser una de las peores decisiones que puedes tomar.
NO TRABAJES CON LA FAMILIA
La confianza es un arma de doble filo
¡Qué maravilla trabajar con alguien en quien confías ciegamente! Sin contratos, sin acuerdos formales y con la seguridad de que todo saldrá bien porque «somos familia». Claro, porque la historia está llena de negocios familiares donde todo ha sido amor y armonía… oh, espera, no. Lo que suele pasar es que esa confianza desmedida se convierte en el primer paso para el desastre. «No hace falta que lo escribamos, ya lo hablamos», dicen al principio. Y después, cuando algo sale mal, nadie recuerda lo que se acordó.
La confianza tiene su lado positivo: puedes compartir información sin miedo a que te traicionen (o eso crees) y delegar tareas sin dudar de su intención. Pero aquí viene el problema: la falta de profesionalidad. Como es «de confianza», no hay límites claros, no hay reglas estrictas, y lo que empieza como un favor acaba convirtiéndose en una obligación no remunerada.
El mayor problema llega cuando las expectativas no se cumplen. Tal vez tú pensabas que tu hermano iba a trabajar con el mismo esfuerzo que tú, pero resulta que él creía que podría tomarse su tiempo porque «somos familia». Y ahí es cuando empiezan los roces, los reproches y los enfados que, en muchos casos, terminan afectando la relación más allá del ámbito laboral.
El caos de las jerarquías y el respeto profesional
Si en un equipo de trabajo ya es difícil gestionar egos y establecer roles claros, imagina lo que pasa cuando el jefe es tu padre y tú eres el hijo que nunca terminaba sus deberes a tiempo. O cuando tu primo es el que pone las reglas, aunque tú seas el que sabe realmente cómo funciona el negocio. La estructura jerárquica en una empresa familiar es una bomba de relojería que explota en el peor momento.
La ventaja de trabajar con la familia es que, en teoría, la comunicación es más fluida. No necesitas demasiados protocolos ni largas reuniones para llegar a un acuerdo. Pero la falta de jerarquía definida puede hacer que cada decisión se convierta en un debate eterno. ¿Quién manda realmente? ¿Quién toma la última decisión? ¿Cómo puedes hacer que tu tío entienda que su método de trabajo quedó obsoleto hace 20 años sin que se lo tome como un ataque personal?
Cuando la familia se involucra en el negocio, los lazos emocionales tienden a mezclarse con lo profesional. Las críticas pueden ser tomadas como ofensas personales, y la falta de respeto a los roles establecidos puede llevar a discusiones que parecen sacadas de un drama familiar en horario estelar. Lo peor de todo es que, incluso si se llega a una solución, el resentimiento puede quedar ahí, listo para salir a la luz en la próxima discusión.
Las emociones en el trabajo: cuando el negocio se convierte en una telenovela
¿Te imaginas trabajar en un lugar donde cada día es una montaña rusa de emociones? Bienvenido al mundo de los negocios familiares, donde un simple desacuerdo sobre un presupuesto puede terminar en un drama que haría sonrojar a los guionistas de las telenovelas mexicanas.
El lado positivo de trabajar con la familia es que, en los momentos difíciles, puedes contar con el apoyo de personas que realmente se preocupan por ti. Si tienes un mal día, es probable que tu hermano o tu primo lo entiendan mejor que un jefe cualquiera. Pero… eso no significa que las emociones sean siempre una ventaja.
El problema es que cuando los problemas personales entran en la oficina, la productividad se desploma. Una discusión entre hermanos por un malentendido en el trabajo puede acabar con días enteros de tensión. Un desacuerdo con tu padre sobre el negocio puede convertirse en un conflicto familiar que trasciende lo laboral. Y cuando las cosas se salen de control, lo que era un simple emprendimiento puede convertirse en un campo de batalla emocional donde lo menos importante termina siendo el negocio.
Expectativas salariales y privilegios invisibles
Trabajar con la familia a veces significa que las reglas del juego no son iguales para todos. Y eso, amigo, es un problema. «Tú entiendes que ahora no podemos pagarte tanto, ¿verdad?» o «Tu prima necesita el puesto más que tú, ya tendrás tu oportunidad» son frases que pueden escucharse en más de una empresa familiar.
A primera vista, puede parecer ventajoso. Tal vez haya más flexibilidad para recibir pagos o beneficios en tiempos difíciles. Pero lo que ocurre en muchas ocasiones es que los familiares esperan tratos especiales. Algunos creen que merecen ganar más por ser «de confianza», otros asumen que tienen derecho a llegar tarde porque «somos familia».
Y, por supuesto, esto genera malestar entre los empleados que no son parte de la familia. Los favoritismos se vuelven evidentes, las promociones dejan de basarse en el mérito y el ambiente laboral puede volverse tóxico. En poco tiempo, la empresa deja de ser un negocio serio para convertirse en una especie de club privado donde las reglas cambian según el apellido que tengas.
El final puede ser peor que un divorcio
Si crees que una pelea en el trabajo es complicada, espera a ver lo que pasa cuando un negocio familiar se desmorona. Lo que empieza como una diferencia de opiniones puede terminar en demandas, traiciones y una ruptura familiar de la que nadie se recupera.
El lado positivo es que, si todo sale bien, el negocio puede convertirse en un legado familiar. Pero, seamos sinceros, la historia nos ha demostrado que en muchos casos las empresas familiares terminan con hermanos que no se hablan, primos peleando en los tribunales y familias divididas por cuestiones de dinero.
Cuando un negocio familiar fracasa, las consecuencias no se limitan al ámbito profesional. Puede afectar las relaciones personales de forma irreversible, hacer que las reuniones familiares sean un campo de batalla y convertir lo que una vez fue un sueño en una pesadilla interminable.
¿Estás seguro de trabajar con la familia?
Trabajar con la familia es una de esas ideas que suenan bien en papel, pero que en la práctica suelen traer más problemas que beneficios. La confianza puede volverse un arma de doble filo, las jerarquías se diluyen en conflictos de ego, las emociones enturbian las decisiones, los privilegios generan malestar y, si todo se derrumba, las consecuencias pueden ser peores que las de un divorcio complicado.
Si estás pensando en montar un negocio con un familiar, tal vez deberías hacerte una pregunta clave: ¿quieres un socio o quieres mantener tu relación intacta? Porque, en muchos casos, es difícil tener ambas cosas. ¡Decide con cuidado!
Gracias por acompañarme en este viaje digital. Si te ha gustado este artículo, hay más sorpresas esperando en el rincón de #TuConsejoDigital. ¡Nos vemos por ahí!
Muy interesante y muy bien explicado, este tema que genera pros y contras. Ya depende también de las personalidades de cada persona y demás. Excelente
Muchas gracias Leo. La verdad que es un tema espinoso que hay que tratar con cuidado, pero lo cierto es que existen tantísimos ejemplos que es imposible eludir que no se recomienda trabajar con la familia. Me alegro que te haya gustado.
Me ha encantado el artículo, y es una realidad, no se puede trabajar con familiares siempre,hay muchos matices a tener en cuenta.
Y lo que cuesta darse cuenta de ello, jejeje. Siempre nos damos cuenta cuando ya salimos de la situación… Me alegro que te haya gustado Sonia.